¡Aventurarnos a soñar!

Como decimos, no hay mejor definición de lo que debe ser el acto educativo: ser y sentir, aprender a ser y a sentir.

Y no hay mejor lugar para ello que la escuela. Para soñar, para sentir, para emocionar y emocionarse, para compartir, reír, amar, hablar...para vivir y vivirse en un hermoso camino en el que iremos siendo como queramos, iremos (irán) dando forma a ese YO que colmará estos espacios de magia y singularidad...de alma y de vida.

Así no es otra mi pretensión que invitar(os) a soñar con ese lugar en el que vivir y aprender se den la mano, en el que los sentimientos desborden el día a día y las emociones pinten cada rincón.

Una escuela como un lugar para ser, en el que compartir(se) dónde importan quiénes y para quiénes.

¿Te apuntas?

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